‘El odio a la música’

Los sonidos nos acompañan desde antes de nacer y hasta la hora de la muerte. A diferencia de otros sentidos, el oído no puede controlarse, escuchamos todo el tiempo. No tenemos ‘párpados’ para interrumpir el ruido, para pausarlo.

Por tanto, somos incapaces de abstraernos del ruido o de la música, el hombre es un mecanismo de audición.

Sin embargo, cuando la tecnología aún no nos acompañaba con tanta docilidad, el silencio tenía tal valor que divinizaba la música, la hacía particular, fechable.

Luego, hemos ido dotando a la cotidianidad de acordes, cantos y melodías. La vida moderna es un sitio privado de silencio. Todo funciona a partir de una determinada cancioncilla: los teléfonos, los aviones, las estaciones de trenes o los totalitarismos. El nazismo o el comunismo serían otros regímenes sin el concurso cómplice de la música. Sus víctimas habrían transitado de la vida a la muerte sin alimentar tal odio por ella.

Y es de este tránsito, desde el silencio prehistórico hasta la omnipresencia sonora de nuestros días de lo que nos habla Pascal Quignard en estos diez tratados, que pronto se convierten en el relato de nuestra contingencia auditiva, de la interpretación de la música como obediencia o rebeldía, de la indefensión del hombre ante los ritos y los cantos derivados y movidos por los hilos de la historia hasta el presente.

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