‘El gran reloj’, Kenneth Fearing

el gran relojNo es frecuente, a medida que uno envejece, que una novela te devuelva la tensión, la incertidumbre y el asombro adolescentes.

La mirada, digamos, que se ha habituado a los trucos, a la desesperación, a los malos argumentos.

Hasta el viernes pasado, en mi vida había oído hablar de Kenneth Fearing.

Nada, a nadie, jamás.

Leí El gran reloj de un tirón el propio viernes y la impresión que me dejó fue tan agradable, que volví ayer al libro sólo por cerciorarme de que no me estaba engañando a mí mismo.

La novela es de 1946, pero se mantiene tan viva que cuesta creerlo.

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‘Cualquier otro día’, Dennis Lehane

cualquier otro diaEl gran problema de esta novela es que Dennis Lehane no ha visto, ni ha conseguido imaginarse, a mil personas juntas en su vida.

Entonces, cuando intenta describir las tensiones, dudas y reacciones de los más de mil policías furiosos que viven prácticamente en la indigencia y que van a protagonizar por ello, la huelga del 9 de septiembre de 1919, lo que consigue es el coro débil de 12 o 13 monjitas atacadas de piedad.

Eso por un lado.

Por el otro, el problema ya en segundas de esta novela es: ¿qué pinta Babe Ruth en ella? Ya sé que da glamur, que es una de las leyendas del béisbol en mayúsculas, pero en esta novela no pinta nada. Como tampoco pinta la amenaza de huelga de los jugadores de béisbol que se plantea como un conflicto inminente no bien comienza la novela y que luego se diluye en el aire lo mismo que un poco de humo batido por el viento.

Ahora bien, a favor de Dennis Lehane he de decir que lo suyo no es la novela histórica.Lo ha demostrado.

La mala suerte de Ángel Santiesteban

mala suerteEl escritor cubano Ángel Santiesteban —como casi nadie sabrá o ha querido enterarse— está condenado a cinco años de cárcel, sentencia que tendrá que cumplir, salvo que suceda un milagro y el gobierno de la isla lo indulte. Para conseguir la condena, Cuba ha construido una pantomima legal, tras la que se esconde la única causa de Ángel: intentar escribir como un hombre libre.

Pero en las dictaduras los esfuerzos por la libertad tienen su precio y siempre es el precio del castigo.

Ahora, sucede, que Ángel Santiesteban es un hombre con muy mala suerte. Sí, porque la inmensa mayoría de los que podríamos impedir —al menos hacer el esfuerzo— que fuera a la cárcel, estamos ocupados en seguir con nuestras vidas. Unos, en Cuba; otros acá en el exilio.

Sí. Los intelectuales cubanos, sin que importe la orilla del mundo que habitemos, esta vez como tantas otras, hemos metido la cabeza en el tierra y nuevamente en lugar de la boca al aire para gritar, volvemos a enseñar el culo. Y lo saben los dictadores: con el culo una banda de intelectuales, escritores, actores, artistas plásticos, profesores universitarios, cineastas, bibliotecarios —y la lista podría continuar— no puede defender la dignidad de un hombre, su derecho a escribir a favor o en contra de quien le plazca, a decir, allí donde esté eso que él estima su verdad, aunque sea falsa.

Pero así son las cosas. Aquellos que viven en la isla están pensando ahora mismo en cualquier silencio o abstracción, en lugar de en Ángel Santiesteban. Están pensando en ellos mismos generación a generación, dádiva a dádiva, complicidad a complicidad. Están pagando con ese silencio el valor exacto de su sumisión y el favor por poblar la penuria adornada en la que habitan. Si alguno se atreviera a levantar su voz —ya están todos advertidos de antemano— terminaría sumando su suerte a la de Ángel Santiesteban y la cárcel totalitaria suele tratar con especial violencia a los rebeldes.

Acá en el exilio las cosas no son diferentes.  El precio de sobrevivir pasa por el poco interés por la suerte de Ángel Santiesteban. Cada quien enarbola sus razones personales, el tamaño exacto de su abstinencia, la incredulidad ante las noticias que llegan leídas, de trasmano, por personas que se obstinan —para asombro de esa mayoría— en gritar contra el viento. Los más afortunados, aquellos que podrían azuzar a una opinión pública, que suele ser sorda con las injusticias a menos que el horror resume de los diarios, están demasiado interesados en no molestar a nadie con cuestiones ajenas, para ponerse al lado de un escritor que vive en Cuba, dicen, lamentablemente, que sin muchas influencias en el exterior y un gran talento.

Así que ya lo sabe Ángel Santiesteban, que no espere milagros, cada quien ahora  mismo —aquí y en la isla— está ocupado en su día de mañana, en lo que será de ellos este año, en lo que esperan que finalmente termine siendo su vida. 

‘Suttree’, Cormac McCarthy

suthome‘Suttree’ cierra el primer ciclo en la obra de Cormac McCarthy y le costó 20 años de escritura. A mí, que lo he leído completo, ha sido la única novela que se me ha hecho cuesta arriba. Tanto, que en la primera lectura la dejé.

bridgesYo por entonces trabajaba en un estudio de ingeniería que se dedicaba a proyectos de obra civil y estaba saturado de los términos precisos para todo aquello que el común de los mortales llama por nombres más simples. Y ‘Suttree’, lejos de alejarme de mi trabajo diario, me devolvía a él.

ragman1McCarthy nombraba las cosas con tal precisión, que en lugar de contarme la historia de aquel hombre que estaba pagando su precio al desentenderse de la sociedad, me dejaba la impresión de estar leyendo los mismos anejos que yo trasegaba durante las horas de trabajo. Allí estaban las mismas palabras, la misma insistencia en su tipología, la misma precisión de un ingeniero que a su vez estuviera escribiendo una novela.

cornerY dejé la lectura. Sin dudas, estaba sobresaturado de zahorra, muros de contención, balasto y estribos.

GoldSunOLuego, me olvidé del libro.

wdHasta que hace poco tropecé —puro azar— con una de las páginas web más curiosas que conozco sobre una novela. Se llama ‘Searching for Suttree’ y es la historia del libro a través de sus escenarios, fotografiados por el psicólogo Wesley G. Morgan, un estudioso de la obra de McCarthy, al menos, hasta donde la literatura y la psicología son compatibles —y digo esto sin ánimo de burla.

lamarhoEntonces, la novela volvió a dibujarse ante mí y estas imágenes a color, acortaron las distancias, geográficas y temporales, que yo le había aportado al texto. Para mí, todo cuanto sucedía a Suttree tenía lugar en un período en blanco y negro, y tan distante como esa lejanía, no del todo cierta, que uno le confiere a las novelas de Faulkner.

ragman3Al ver las fotos, comprendí, que ‘Suttree’ era tan cercana y asequible, como ‘No es país para viejos’, por ejemplo, en la versión de los hermanos Coen. Y me dije que tenía que volver a la novela. Y he vuelto.

mcanallyYo sigo prefiriendo ‘Meridiano de sangre’, pero no puedo dejar de reconocer que sin ‘Suttree’, sin ese miedo a emplear una palabra inexacta, a equivocarse en una frase, sin esa estructura que parece vigilada por un capataz de obra, habría sido imposible llegar a la ‘Trilogía de la Frontera’. Mucho menos, a ‘La carretera’: quizás, el extremo opuesto y a su vez la reescritura de ‘Suttree’, si de destrucción, valores personales, y miedo ante la especie se trata.

Mis 10 discos de 2012

 kill for love  mr. m

 ‘Kill for Love’, Cromatics

 ‘Mr. M’, Lambchop 

 coexist  attack on memory

 ‘Coexist’, The xx

 ‘Attack on Memory’, Cloud Nothings

 bloom  fiona apple

‘Bloom’, Beach House 

 ‘The Idler Wheel…’, Fiona Apple

 celebration rock  altj

 ‘Celebration Rock’, Japandroids

 ‘An Awesome Wave’, Alt-J

 grizzly bear  tame impala

 ‘Shields’, Grizzly Bear 

 ‘Lorenism’, Tame Impala 

‘Lorenism’, Tame Impala

tame impala(de Mis discos de 2012, 10/10)

Los ’60 y los ’70 aún siguen generando entusiasmo y acólitos.

Y la psicodelia que parecía pasada de moda resulta que regresa. 

Cuando escuché el disco me costó creerlo. ‘Lorenism’ sonaba todo lo contemporáneo que yo quisiera, pero al mismo tiempo me estaba invitando a un viaje en el tiempo, poblado por dulces fantasmas de mi adolescencia, como Yes.

Estoy encantando con el disco.

Y un detalle para el que quiera hacer comparaciones.

Volver a ‘Lorenism’ después de una escuchar un par de veces ‘Nuggets: Original Artyfacts from the First Psychedelic Era: 1965-1968’ y todas las dudas sobre el acierto de Tame Impala, quedarán despejadas. 

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‘Shields’, Grizzly Bear

grizzly bear(de Mis discos de 2012, 9/10)

Todo —léase Grizzly Bear y lo que esto implica— parecía que se iba al traste, después de ‘Veckatimest’, su trabajo anterior. La sobreexposición a los medios los dañó tanto, que tuvieron que parar y replantearse el sentido original de la banda y sobre todo hacia dónde querían ir, en definitiva.

Pues querían venir hacia acá, hacia este trabajo tan cuidado y tan independiente, donde cada canción parece pensada para engarzar con la siguiente, para completar su historia.

A los discos les suelo poner números, no porque los quiera jerarquizar, sino para recordarme a mí mismo que sólo hablaré de diez. Que este justamente sea el 9 puede leerse en el sentido más estricto: es excelente.

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‘An Awesome Wave’, Alt-J

altj(de Mis discos de 2012, 8/10)

Los calificativos abruman. Sobre todo, cuando tienden a la grandilocuencia. Sin embargo, cuesta hablar de este disco, sin que adjetivos inapropiados por superlativos te vengan a la mente.

Yo no voy a enunciar ninguno. Diré solamente que cada canción está confeccionada como si fuera la única oportunidad para Alt-J de hacerse escuchar.

Por lo demás, que cada quien tras recorrer el disco, lo califique como mejor le parezca.

De todas formas, también el entusiasmo es un territorio íntimo y tan privado, como la aversión.

Ahora, eso sí, yo soy de los que aplauden.

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‘Celebration Rock’, Japandroids

celebration rock(de Mis discos de 2012, 7/10)

A mí que no me lo cuente nadie, el rock está a punto de morir. Al menos, de morir en el modo que lo hemos conocido hasta ahora. Lo están matando el mercado, las buenas intensiones y los créditos personales.

Los músicos no se atreven a pegar con fuerza, porque se quedarían sin discográfica, sin revista del corazón, ni conciertos a sala llena.

La música ya no sirve para lo que servía antes y ahora mismo como no te pongas a pensar en ganar pasta, vas de patitas al fracaso más sonado, al peor coche y a las mujeres (da igual hombres) más feas. También a las casas más pequeñas, a los apartamentos de alquiler y a las regiones superpobladas de las ciudades. Vas a la contaminación, a las escuelas públicas, a la sanidad de los pobres.

Te vas a la puta mierda si no ganas pasta en un período razonable. Aquel en el que, antiguamente, todavía la gente escuchaba rock, estaba molesta o creía estarlo. Ya, luego, sentaban cabeza y la vida se trivializaba como la que más.

¿Estamos?

Por eso me gusta y mucho este disco. No sólo porque suena a rock de verdad, sino porque además cumple con su estética.

Cada single es un disparo.

Mientras lo escuchas, al menos por unos instantes, crees vivir aún esa época que pronto va a morir, fulminante, cuando el rock también lo haga.

Entonces, todo será esa niebla tóxica del pop.

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‘The Idler Wheel…’, Fiona Apple

fiona apple(de Mis discos de 2012, 6/10)

Este es un disco muy especial.

Basta atender a su voz y a esa atmósfera que recrean los instrumentos a su alrededor. Basta escuchar con detenimiento cada canción para darnos cuenta de lo cuidado de las letras, del mundo que Fiona ha armado con una paciencia de 7 años, de todo aquello que ha guardado hasta ahora y que aquí deja. Por suerte.

Y no tengo ninguna duda. Este no es un disco más del año, con el tiempo no le queda otro remedio que convertirse en uno de los discos de la vida. Es más, puede ser mañana mismo, que te preguntes, cómo has llegado a cumplir tantos años sin haber escuchado nunca a Fiona Apple. Así de rotundo es lo que vas a escuchar.

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